Los invito a conocer mi proyecto académico, Apuntes sobre Gobierno Corporativo y Sostenibilidad, que estaré actualizando una vez al mes. En esta oportunidad los apuntes se refieren al Gobierno Corporativo para los Grupos de Interés.
Creado para lectura de Ani, Dany, Segio, Pablo, Laura y Santi. Si otros quieren leer, bienvenidos
8 de mayo de 2016
Apuntes
Los invito a conocer mi proyecto académico, Apuntes sobre Gobierno Corporativo y Sostenibilidad, que estaré actualizando una vez al mes. En esta oportunidad los apuntes se refieren al Gobierno Corporativo para los Grupos de Interés.
30 de abril de 2016
Neruda y Vargas Llosa: sentimientos que hacen la diferencia
Se dice que
en la mesa y en el juego se conoce al caballero. Y yo diría que el alma de los
seres humanos se conoce en las separaciones y divorcios.
Y esto lo
confirma el novelón protagonizado por el escritor y Premio Nobel de literatura
Mario Vargas Llosa, la socialité
española Isabel Preysler y Patricia Llosa quien fuera su esposa desde 1965.
El peruano,
luego de celebrar, en junio de 2015, sus 50 años de casado con Patricia en New
York con toda su familia, acudió a la semana siguiente a la cena de Porcelanosa
en Londres en compañía de Isabel Preysler, donde evidenciaron su romance y
desde entonces no hay día que los medios de comunicación no publiquen noticias
y fotos de la pareja en cuanta alfombra roja y evento del jet set internacional
tenga lugar.
Una
exposición mediática exagerada e innecesaria para un intelectual de su talla,
que los concibo por sobre todo en compañía de sus libros, con una vida privada
muy privada y que solo se dan a conocer al público a través de su obra.
Pero en
fin, cada uno vive como quiere y hay romances de romances, infidelidades de
infidelidades, y rompimientos de rompimientos. Y este me trajo a la memoria una
de esas historias de amantes que me conmovió en mi juventud y que tuvo como
centro la publicación de la primera edición de “Los versos del Capitán”.
En 1952
Pablo Neruda, aún casado con la argentina Delia del Carril, se
encontraba en el exilio en Europa y vivía un apasionado romance con la chilena
Matilde Urrutia a espaldas de su mujer.
Por cuenta de esa pasión, Neruda va escribiendo poemas en
cuanto papel encuentra y los va enviando a su amante que los guarda como
tesoro. Con el correr de los días y ante el valor literario de sus escritos,
con la complicidad de Paolo Ricci y un círculo de amigos íntimos del poeta en Italia, deciden
publicarlos como libro de autor anónimo que llamarían “Los versos del
Capitán”.
![]() |
| Matilde Urrutia y Pablo Neruda |
Esta primera edición de 44 ejemplares, tenía como
introducción un texto hermosísimo firmado por Rosario de la Cerda (escrito por
Neruda y Matilde) donde explicaba que aquellos eran poemas escritos para ella
por un capitán que venía de la guerra española y que relataban su gran historia
de amor.
En noviembre de 1963, ya separado de Delia del Carril y
consolidada su relación con Matilde Urrutia como su tercera y última compañera,
Neruda reconoce la paternidad del libro y explica: ¿Que por qué guardó su misterio por tanto tiempo? Por nada y por todo,
por lo de aquí y lo de más allá, por alegrías impropias, por sufrimientos
ajenos.
Y después en “Confieso que he vivido”, sus memorias
póstumas, cuenta:
La única verdad es que
no quise, durante mucho tiempo que esos poemas hirieran a Delia, de quien me
separaba. Delia del Carril, pasajera suavísima, hilo de acero y miel que ató
mis manos en los años sonoros, fue para mí durante dieciocho años una ejemplar
compañera.
Delia nunca perdonó esta infidelidad, pero siempre me
conmovió esta historia, porque a pesar de la deslealtad que de por sí
significaba el amor prohibido, estaba llena de respeto, de delicadeza y de
compasión por el otro.
Y fue inevitable la comparación con el rompimiento de Vargas
Llosa y Patricia.
Luego de conocer el romance con Isabel Preysler por los
medios de comunicación, Patricia explicó a través del Twitter de su hija
Morgana que ella y el escritor seguían juntos:
Mis hijos y yo estamos
sorprendidos y apenados... hace apenas una semana estuvimos con toda la familia
en Nueva York celebrando los 50 años de casados y la entrega del doctorado en
la Universidad de Princenton. Les rogamos respeten nuestra privacidad.
![]() |
| Celebración de 50 años de casados del matrimonio Vargas Llosa |
Días después el escritor la desmintió. Y siguió sonriente, enrostrándole
su nuevo amor de página social en página social…
¡Sin palabras!
Hubiera preferido no conocer esta versión del indolente octogenario
sometido a los flashes y a su vida del jet set como cualquier lagarto y haberme
quedado con el Vargas Llosa de “La ciudad y los perros”.
Prefiero un rompimiento a lo Neruda que me haga llorar, no
de la desilusión por conocer la mezquindad de su alma, sino porque perdería a
un hombre en toda la extensión de la palabra y que además es capaz de escribir
los más hermosos poemas que en lengua castellana se le puedan dedicar a una
mujer. Para la muestra la primera estrofa de uno de ellos:
LA REINA
Yo te he nombrado
reina.
Hay más altas que tú,
más altas.
Hay más puras que tú,
más puras.
Hay más bellas que
tú, hay más bellas.
Pero tú eres la
reina.
Cuando vas por las
calles
nadie te reconoce.
Nadie ve tu corona de
cristal, nadie mira
la alfombra de oro
rojo
que pisas donde
pasas,
la alfombra que no
existe.
Margarita Obregón
24 de abril de 2016
Ni gobernantas ni miserablas
Por estos
días volvió a mencionarse en las redes sociales el llamado de atención que hace
la Real Academia Española (RAE) al uso, a su juicio inapropiado, del “todos y
todas” y en general sobre el desdoblamiento artificial del lenguaje con el fin
de evitar el sexismo.
Leí el
documento que dio origen a la recomendación de la RAE, elaborado en 2012 por Ignacio
Bosque, llamado “Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer” aprobado en
forma unánime por los académicos, entre ellos Luis Goytisolo y Arturo
Pérez-Reverte. En general debo decir que comparto su contenido.
Reconozco
la existencia del lenguaje sexista y excluyente utilizado de manera abierta o
con mucha astucia por aquellos que ven en el machismo una forma de perdurar su
poder y también por aquellas que sacan réditos de ese machismo (recuérdese la
senadora Liliana Rendón: si me pegó fue
porque yo me la gané)
Al igual
que Teresa Cabré (El Sexismo que ocultan las palabras), considero que el sexismo no es un problema gramatical sino
social y que la gramática evoluciona sin necesidad de forzarla artificialmente.
No creo que
la esencia de la lucha por la igualdad de género esté en desdoblar el lenguaje
artificiosa y ridículamente en femenino y masculino o usando sistemáticamente
palabras neutras para evitar el sexismo y menos en nuestro día a día.
Particularmente
nunca me he sentido discriminada por el lenguaje porque desde siempre entendí el
uso del masculino como genérico en el idioma castellano. Ya de por sí me parece
extraño el desdoblamiento en lo que hace a las profesiones aceptado por la RAE.
En los sustantivos neutros no veo la necesidad de decir jueza, presidenta,
gobernanta si hubiéramos podido decir sencillamente la juez, la presidente, la
gobernante. Para eso son los artículos determinantes ¿o no?
Tiene razón
la RAE en la nula practicidad del desdoblamiento genérico pues sería agotador
hablar de esta manera y para la muestra este párrafo que encontré en Internet:
Señores y señoras,
estamos hoy reunidos, profesores y profesoras, para iniciar unas conferencias
donde todos y todas, miembros y miembras, podamos opinar…
Tampoco
creo que se trate de usarlo de manera rigurosa en los textos o alocuciones
oficiales y si no miren la dificultad para leer este fragmento de la
constitución de la República Bolivariana de Venezuela citado en el informe de
Bosque:
Sólo los venezolanos y
venezolanas por nacimiento y sin otra nacionalidad podrán ejercer los cargos de
Presidente o Presidenta de la República, Vicepresidente Ejecutivo o
Vicepresidenta Ejecutiva, Presidente o Presidenta y Vicepresidentes o
Vicepresidentas de la Asamblea Nacional, magistrados o magistradas del Tribunal
Supremo de Justicia, Presidente o Presidenta del Consejo Nacional Electoral,
Procurador o Procuradora General de la República, Contralor o Contralora
General de la República, Fiscal General de la República, Defensor o Defensora
del Pueblo, Ministros o Ministras de los despachos relacionados con la
seguridad de la Nación, finanzas, energía y minas, educación; Gobernadores o
Gobernadoras y Alcaldes o Alcaldesas de los Estados y Municipios fronterizos y
de aquellos contemplados en la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional.
Creo que
las recomendaciones para evitar el sexismo en el lenguaje son válidas, pero se
deben seguir solo en determinados contextos y para hacer énfasis en ciertas situaciones, nunca de manera sistemática.
En mi caso,
prefiero gastar toda mi energía en conquistar la igualdad salarial, la igualdad
de oportunidades para acceder a los cargos de responsabilidad, trabajar para
que se acabe la violencia doméstica, los brutales feminicidios, apoyar a las
madres cabeza de familia, educar a los hijos en el trato igualitario e
incluyente sin distinción de géneros y con mente abierta frente a la
diversidad. O lo que es más básico, en Colombia, seguir educando a muchos
señores que de manera increíble no han derogado de sus mentes la potestad
marital, no obstante que la Ley 28 de 1932 le dio plena capacidad civil a la
mujer para disponer y administrar los bienes de su propiedad, sin limitación de
ninguna especie.
Por ahora y
mientras la gramática sigue su curso normal, prefiero decir “yo pienso” y no
“una piensa” y no me sentiré una “miserabla” por negarme a implementar este
lenguaje artificial pues en estas épocas del postconflicto en Colombia
terminaríamos hablando de los actores y
las actrices del conflicto armado.
Brutal!
Margarita Obregón
16 de abril de 2016
Lo que nos queda de Amy Winehouse
Hace algunos
años me maravillé con Amy Winehouse, la joven británica, nacida el 14 de
septiembre de 1983, compositora y cantante que mezclaba jazz, blues, soul y ska,
que con una extraordinaria voz de contralto e impactantes interpretaciones, nos
recordaba a grandes cantantes como Aretha Franklin o Ella Fitzgerald, y nos
obligaba a oírla, aún a los neófitos en esos géneros musicales.
Seguí su carrera, sus discos, sus numerosos premios (6 Grammys, 5 de ellos por su álbum Back to Black) y cada aparición. Pero con el correr de los días me enteraba más sobre su vida personal que sobre su vida artística, ya que la prensa nos tenía muy al tanto de su adicción a las drogas y al alcohol, su bulimia, sus escándalos, rehabilitaciones fallidas, hasta que finalmente supe de su fallecimiento el 23 de julio de 2011.
Se quedó en
la memoria de mi corazón su profunda voz y las letras de sus canciones que
daban cuenta de una intensa vida, a pesar de su corta edad, marcada por su
necesidad de ser amada y sus complejas relaciones.
Revisando
las películas ganadoras de los premios Oscar 2016 encontré el documental
“Amy”, dirigido por el cineasta británico Asif Kapadia, que ganó este premio como
Mejor documental y a la vez otros grandes premios de cine como los Bafta, los
Critic’s Choice Awards y los PGA Awards que lo galardonaron en la misma
categoría.
El
documental cuenta su vida, sus triunfos y su muerte, tras sufrir un colapso ante
el síndrome de abstinencia, a través de videos, en su mayoría caseros, y
testimonios de sus más cercanos, con bastante objetividad, pues en la mayor
parte de sus 2 horas y 8 minutos, están presentes la voz y la imagen de Amy y
de sus allegados de manera espontánea.
El filme es
impactante y muestra lo peor de nuestra sociedad representada por la ambición
de su padre y sus productores, la oscuridad de su marido y el amarillismo de
los medios de comunicación frente a una artista muy joven (a los 16 años obtuvo
su primer gran contrato) queriendo enfrentar sola el mundo, a su modo, ante el
divorcio de su padres, y a su vez divertida, inteligente, de excepcional
talento, con innegables ganas de vivir, con una impresionante cultura musical, hipersensible,
lo que la hizo muy vulnerable en ese entorno y no apta para manejar los embates
de la fama.
Se puede
ver al padre, Mitch Winehouse, adorado por la cantante, pero que no tuvo escrúpulos
para explotarla aún en sus peores momentos. Asombra ver la escena en la isla de
Santa Lucía, a donde Amy había huido para recuperarse, cuando Mitch llega a
visitarla en compañía de periodistas y camarógrafos que la invaden sin el más
mínimo respeto por su privacidad.
Desolación y
ganas de que todo acabe cuando se ve la escena del concierto de Amy en Belgrado,
totalmente ebria, abucheada por el público, y oír luego al productor que la
obligó a cantar, cuando expresa que “mi función era hacer que cumpliera el
contrato” sin reparar en la fragilidad de ese ser humano que ya había tocado
fondo.
Y qué decir
de la rabia que producen los flashes acosándola continuamente y reventando sobre
todas sus debilidades.
Y en medio
de todo este drama humano, se nos revelan la emoción de sus éxitos, la gente
que sí luchó por ella, su talento, y sus canciones que aparecen y desaparecen a
lo largo del documental como un “yo acuso” recordándonos lo que nos hubiera
podido deleitar de no haber sido por la voracidad de esta sociedad que con sus
antivalores de éxito y dinero se traga a estos seres excepcionales hasta
matarlos, sin que ello importe pues después de su muerte, igual, todos siguen
viviendo de sus regalías.
Margarita Obregón
9 de abril de 2016
El largo camino de la lucha contra la corrupción
Por estos
días es frecuente oír que el problema en Colombia no son los grupos armados si
no la corrupción, y no les falta razón a quienes lo dicen. Si bien las voces de
protesta por este flagelo son miles (hasta los mismos corruptos protestan), las
medidas para combatirlas no son eficaces y cada día el fenómeno corroe más nuestra
sociedad.
Y esto
sucede porque al igual que la violencia o las drogas ilícitas, se combaten
sobre todo con medidas represivas. No se estudian los problemas, no se atacan
las causas, si no que ingenuamente creemos que reformando las leyes de
contratación, creando más inhabilidades, más trámites,
engrosando las plantas de personal de las “ías”, aumentando las penas y construyendo
más cárceles, lo vamos a solucionar.
Y está probado que estas medidas
represivas más que acabar con la corrupción afectan de manera negativa al
ciudadano común y por el contrario los corruptos hacen fiestas porque cada
trámite se convierte en un peaje a su favor y a cada norma, ellos sí, le
encuentran su atajo.
Para acabar
con la corrupción en una sociedad, se requiere que los Estados no solo repriman
si no que erradiquen sus causas y para ello se requiere el compromiso de todos
los actores de la sociedad empezando por las empresas y las familias, sus células
básicas.
En las
empresas, es común encontrar hoy programas de Ética y Cumplimiento cuyo
objetivo es el cumplimiento legal y desarrollar una cultura fundamentada en la integridad. Su
enfoque está en contar con sistemas que controlen los riesgos de fraude y
corrupción de manera prioritaria y promover una cultura basada en valores más
exigentes que los que establece la ley, sin dejar de lado la detección y el
castigo a los infractores.
Se puede decir
sin duda que en la actualidad existen buenos de sistemas de control para las empresas, las
firmas de auditoría son expertas en su implementación y sus beneficios son
palpables pues los grandes casos de corrupción en el mundo han sido detectados
gracias a que estos sistemas evidenciaron fallas y dieron pistas para las investigaciones
que culminaron enviando a prisión a los culpables. Los controles son
fundamentales para administrar empresas y esenciales para persuadir al
corrupto. Pero el problema no es ese, muchos ya han hecho la tarea y los que
no, pueden hacerlo cuando quieran.
El gran
reto para las empresas y para la sociedad es la cultura. Para
aquellas se trata no solo de unificar prácticas y valores a través de Códigos
de Ética o de Conducta que identifiquen a los miembros de su organización si no
que sus líderes sean los primeros en vivir esos valores.
Porque ¿qué
gana una empresa con prohibir a sus empleados el recibo de regalos provenientes de
proveedores, contratistas o clientes, si sus líderes llevan una activa vida
social recibiendo y exigiendo atenciones y agasajos en medio de decisiones de
negocios vitales para la compañía y que interesan al oferente?
¿Qué ganan
las empresas con conmovedores discursos acerca del respeto si sus líderes
humillan a sus subalternos, no consideran su tiempo libre, usan palabras
despectivas hacia ellos o simplemente los ignoran hasta en el saludo?
O ¿qué se
ganan hablando de humildad en los “modelos de cultura” cuando en las mesas de
los Consejos Directivos solo se ven y hablan de Montblanc, ropa de marca, viajes
en primera clase y carros de alta gama?
Y ni que
hablar del Estado, donde los congresistas son adalides de la moral y de las buenas
costumbres cuando salen por TV, pero muchos acuden a las empresas públicas y
privadas con sus recomendados por puestos de trabajo, o contratos bajo la
amenaza de un debate en el Congreso. Sí, horror de horrores.
Esta doble
moral solo genera más corrupción.
Este
flagelo solo se acabará cuando, en las empresas y en la sociedad, valoremos a
los seres humanos por lo que tienen en la cabeza y en el corazón y no en sus
bolsillos; cuando no esté de moda tener camionetas 4X4 si no andar a pie o en
un buen transporte público; cuando prefiramos ir a las librerías y a los museos
que a los centros comerciales; cuando no soñemos con ganarnos la Baloto para
vivir en un vecindario “in” si no cuando trabajemos por el nuestro y lo
disfrutemos cualquiera que sea; cuando nos emocione más el humanismo que el
consumismo. Acabaremos con la corrupción cuando la presión social y el
desprecio por ese modus vivendi arribista
sea tal que aísle y avergüence al que se volvió corrupto para tenerlo todo y
más.
Este cambio
si es posible, pero llevará su tiempo y no lo emprenderán los políticos del
corto plazo. Requiere de acciones individuales y colectivas en las que cada uno
de nosotros tiene su tarea.
No reneguemos
más, no nos señalemos más los unos a los otros, no saquemos más disculpas y
empecemos desde ya la lucha contra la corrupción.
Margarita Obregón
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