Por
Margarita Obregón
A esta
hora millones de colombianos se están haciendo esta pregunta. Ante la
posibilidad de un nuevo gobierno de izquierda, muchos de los votantes de
derecha, están frente a este dilema.
No sería
la primera vez que los colombianos hacemos uso del voto útil, para evitar que
el otro que no nos gusta llegue al poder. Pero en este caso las implicaciones
son bastantes serias.
En mi
caso, De la Espriella, o como diría Carolina Sanín, Espriella, representa los
antivalores, todo lo que yo no quiero, ni como referente ético, ni como
gobernante, ni en su concepción del Estado.
De acuerdo
con artículo publicado el 1 de junio de 2026, por El País de España, El
vencedor de la primera vuelta, que ha empleado un tono misógino y homofóbico,
es admirador de Milei y Bukele, promete recortar un 40% de la burocracia del
Estado y quiere volver a debatir derechos que ya han ganado las mujeres y la
población LGBTI frente al aborto y la adopción de niños, lo que reitera con
su propia voz en diversas entrevistas e intervenciones. Le encanta mostrar su
vida de lujos, su ropa de marca, sus viviendas, sus viajes. Es decir, emula el
“tener” sobre el “ser” y por esa vía fascina al modelo “Casa de los famosos” o
lo que llamamos en Colombia la “cultura traqueta” en la que “todo vale” con tal
de lograr las ambiciones. Este candidato también se encanta con sus genitales
tanto como con su colección de armas, para volver al líder macho y bravucón que
tanto añora la ultraderecha.
Como gobernante, aparece violento frente a sus opositores y
nos promete en materia de seguridad, mano dura, como si ya no hubiéramos tenido
suficiente con los crímenes cometidos bajo la Seguridad Democrática de Uribe y
desconociendo que, mientras exista esta profunda desigualdad social en Colombia,
no cesará ni la violencia ni la inseguridad. Su referente es Bukele, quien hoy
por hoy es un dictador que suprimió todos los poderes que le podían hacer
contrapeso y que acabó con el Estado de Derecho, al suprimir el habeas
corpus que tiene a sus mega-cárceles repletas de jóvenes inocentes.
En su modelo de Estado, De la Espriella destinará todos sus recursos para priorizar las políticas de guerra en desmedro de lo necesario para salud, educación, disminuirá el tamaño del Estado, y desfinanciará todas la entidades, instituciones y programas destinados a consolidar las políticas de paz. Y claro, sacaría a Colombia de los organismos internacionales como la ONU o la Corte Interamericana de Derechos Humanos, pues de una u otra manera son contrapesos. Seguiría a “pie juntillas” los modelos de Trump, Milei, Bolsonaro, Noboa y Bukele, tanto, que el primero de estos le ha dado su pleno respaldo y está más feliz que Vicky Dávila con su triunfo.
En resumen, si hago mi lista de chequeo, De la Espriella es
homofóbico, misógino, racista, aporofóbico, violento, guerrerista, le importa
sobre todo “tener” a cualquier precio y es la más alta representación del
arribismo y la fantochería. Y por tanto, si hago uso de un voto útil por miedo a
la izquierda, estoy validando todos esos principios y valores y modelo de país
que él encarna.
Del otro lado está Cepeda. Para el colombiano común, cuyos
estudios de ciencia política y lecturas se circunscriben al Whasapp, es o guerrillero, o
comunista o socialista que nos va a expropiar, y que es responsable del
reclutamiento de menores por parte de las FARC. Y nada que se aleje más de la
realidad.
Si alguna vez han leído u oído a Cepeda, podrán saber que desde
el punto de vista político es Progresista, o de izquierda democrática, es decir
lo que anteriormente llamábamos liberal de izquierda como lo fue por ejemplo
López Pumarejo. Respeta el mercado, la empresa privada, desde luego con un
enfoque social, buscando disminuir las desigualdades, fortalecimiento de lo
público, y acceso a la tierra (vale la pena aclarar que la expropiación de
tierras existe en Colombia desde la Constitución de 1886 y hasta ahora ningún
gobernante, incluido Petro, han abusado de esta ella, y menos ahora con la
figura de extinción de dominio que la hace prácticamente innecesaria).
Y que Cepeda haya sido guerrillero o los haya favorecido, o participado o hecho el de la vista gorda en el reclutamiento de menores por parte de las FARC, nada más calumnioso y más alejado de la realidad porque como hijo y víctima de la violencia de este país, ha dedicado toda su vida a la defensa de las víctimas de la violencia de la guerra en Colombia, a la búsqueda de la paz no solo con los grupos guerrilleros sino con los paramilitares y distintos grupos armados al margen de la ley, para acabar precisamente con la guerra y todas esas prácticas que a todos nos degradan.
Y claro desde el punto de vista personal, Cepeda representa valores completamente diferentes al otro candidato. Humilde, sencillo, sin estridencias, con cuidado excesivo sobre sus palabras, respetuoso de los derechos humanos, de las minorías. Un filósofo marcado por la austeridad en todos los aspectos de su vida.
Y aquí entonces estamos ante dos posibilidades de principios
y valores, ante dos estilos de gobernantes, ante dos modelos de país que
queremos para nuestros hijos, para las futuras generaciones. Decidan si los
mueven sus principios y valores o solo sus intereses sin importar aquellos.
Como estamos en una democracia, voten por el que quieran,
pero sean conscientes de lo que ello significa. Es hora de escoger entre estas 2 posibilidades. Yo ya escogí la mía.


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