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20 de junio de 2019

Lo que nos dejó esta moción de censura


Por Margarita Obregón

Cada vez que se abre la posibilidad de una moción de censura en Colombia, somos muchos los que aún creemos con ilusión que de verdad este país llegó a la madurez política y que por fin el equilibrio de poderes, pilar de una democracia, funcionará y el legislativo, en serio, ejercerá su control político sobre el ejecutivo.

Pero siendo realistas, pasará mucho tiempo para que algo así funcione en Colombia, pues a pesar de algunos congresistas serios, que de verdad representan el interés del pueblo colombiano y entienden bien sus funciones, la mayoría no lo son y siguen ejerciendo su cargo en representación solo de su particular interés o cuando más, en representación de los particulares que los financiaron para llegar al poder.

Y además de ese interés ilegítimo que esa mayoría representa, escuchando el pasado debate  al Ministro de Defensa en la Cámara de Representantes, no es atrevido decir que existe mucha ignorancia entre nuestros honrables padres de la patria, ya que se confunde la moción de censura con un proceso penal, sin tener claro que esa es una figura de carácter político, cuya aprobación significa que el legislativo no avala la gestión del ministro respectivo, es responsable políticamente de aquello que se le imputa y por tanto debe dejar su cargo.

Pero ello no significa que el ministro sea responsable disciplinaria ni penalmente. Otra cosa es que las fallas en su gestión también evidencien transgresiones de esta naturaleza, caso en el cual se dará trasladado a quienes sean sus jueces para que de igual forma establezcan si es responsable en estas materias.

Es decir, un ministro separado de su cargo por una moción de censura no necesariamente es un delincuente si no tal vez un incompetente. Por ello la moción no tiene que fundamentarse en la comisión de un delito por parte del citado, sino en su poca idoneidad para estar al frente de esa cartera o en una falta que comprometa su capacidad y buen juicio para el ejercicio de sus funciones.

En el citado debate al Ministro de Defensa se oyó principalmente a los representantes del partido de gobierno y los agazapados detrás suyo, expresando que no había pruebas suficientes, que lo presentado no era contundente, que el ministro no sabía, etc, como si se tratara de un proceso penal donde si procede pedir la plena prueba o donde la duda favorece al implicado.


A mi juicio -de abogada- las pruebas si eran contundentes, pero en gracia de discusión si no lo fueran, aquí de lo que se  trataba era de avalar o no la gestión del ministro y establecer su responsabilidad política en lo sucedido en el caso de Dimar Torres y en la expedición de las directrices del ejército estimulando de alguna manera las ejecuciones extrajudiciales; y evidentemente el ministro tenía la responsabilidad política, o bien porque dio instrucciones o conocía los hechos en su real dimensión y las directrices dadas en el ejército,  que constituían claras violaciones a los Derechos Humanos y al Derecho Internacional Humanitario, o las desconocía, lo cual hubiera sido peor pues habría incurrido en una negligencia inadmisible en un ministro de defensa.

Como era de esperarse, la moción de censura al Ministro de Defensa no prosperó y por ahora, esta figura seguirá sin estrenarse. Se evidenció que en Colombia aún no hay verdadera oposición, salvo voces aisladas, y al final la mayoría se repliega para congraciarse con el ejecutivo y recibir sus prebendas o aún no se entiende lo que aquella significa.   

Lo bueno es que estas mociones de censura han servido para que la oposición pida cuentas al gobierno de turno, y los ciudadanos del común conozcamos de muchas historias turbias que nos pretenden ocultar.

En el caso particular, queda en gran parte de la ciudadanía una tremenda desconfianza hacia la gestión del ministro, pues gracias a algunos valientes militares y periodistas, medios de comunicación y organismos internacionales, y al debate en la Cámara, nos hemos enterado de cómo se maneja ese ministerio y de prácticas que muchos aborrecemos y condenamos sin importar el color político de aquellos que las ejecutan, permitan o promuevan.

Con estas evidencias llegó entonces la hora de que los ciudadanos del común tomemos partido por el derecho a la vida, por el respeto de los Derechos Humanos de ex-guerrilleros, soldados y civiles en general, y la hora de condenar la justificación de cualquier muerte.

Nos llegó la hora de repudiar la macabra costumbre de celebrar las bajas, pues no son números, son seres humanos con una historia, con sueños, con una familia, con unos padres y hermanos que lloran su ausencia y con unos hijos que crecerán sin ellos.

Y también llegó la hora de que quienes detentan el poder sepan que estaremos vigilantes para que eso jamás vuelva a suceder.










14 de marzo de 2019

Greta Thunberg y su huelga mundial escolar


Si por estos días los colombianos sentimos que el país va para atrás, se esfuma nuestra esperanza, o al menos tenemos ganas de decir que esto es una “republiqueta” por el ataque despiadado del actual gobierno y el partido que lo respalda a la incipiente paz, deberíamos mirar e inspirarnos en la adolescente sueca Greta Thunberg que se ha convertido en pocos meses en una líder mundial en su lucha por el cambio climático.

Greta y su familia

Hija de Svante Thunberg y Malena Ernman, una cantante de ópera sueca, Greta, con una sensibilidad propia de los grandes líderes, después de ver unos vídeos en su colegio sobre el cambio climático que la impactaron hasta llevarla a la depresión a los 11 años, tomó conciencia de este fenómeno y empezó su lucha con pequeñas acciones para detener esta catástrofe. Y siguiendo este camino, el 20 de agosto de 2018, a sus 15 años, emprendió su protesta frente al parlamento sueco, que en sus inicios se prolongó durante 3 semanas, con el fin de que su país diera cumplimiento al Acuerdo de París.  


Al principio fue un reclamo en solitario pero su decisión de continuar la huelga todos los viernes y a medida que se conocía en todo el mundo esta se fue extendiendo a otros jóvenes través de las redes sociales y en las calles de un sinnúmero de ciudades europeas y australianas, en lo que hoy se conoce como "Viernes para el futuro" o #FridaysForFuture, que este 15 de marzo completarán su semana 30.



De manera simultánea y ante el despliegue de la huelga y de las marchas inspiradas en ella, Greta fue invitada en noviembre de 2018 por el TEDTalk a dar su charla, asombrando a todos aquellos que escucharon y escuchan su maravilloso discurso que ya alcanza el millón de reproducciones.


El impacto suyo fue tan grande que fue invitada a la Cumbre del Clima COP24 de Naciones Unidas celebrada en Katowice (Polonia) en diciembre de 2018, donde se puede decir que conmocionó a todos quienes la oyeron y vieron. La claridad y contundencia de su discurso con el fin de concientizar a los gobiernos para luchar contra el cambio climático, el tono suave de su voz de adolescente y su menuda figura enmarcada dentro de un par de largas trenzas, no pudieron ser más impactantes. Ese fue tal vez el momento en que muchos interesados en el tema en diversas latitudes la descubrimos y empezamos a seguirla.



En enero pasado fue invitada al World Economic Forum en Davos y hace unas semanas a Bruselas donde intervino ante el Comité Económico y Social de la Unión Europea. Su impacto ha sido tan grande que el pasado 7 de marzo fue destacada como la mujer del año en Suecia y ayer 13 de marzo fue candidatiza para el premio Nobel de Paz.

Al mismo tiempo como la huelga y las marchas se han extendido por numerosas ciudades del mundo, Greta asiste a muchas de ellas -a las que viaja en tren debido a las altas emisiones de CO2 de los aviones- donde miles de estudiantes, activistas de todas las edades y ciudadanos comunes la acompañan en su lucha.



Para mañana viernes 15 de marzo ha convocado una huelga escolar mundial en la que ya están inscritas 1325 ciudades y 98 países (se espera que superen los 100), incluido Colombia, según se encuentra en el registro de la misma.



Frente a las horas aciagas de Colombia y nuestra lucha por defender la paz, no está de más tener como referente a Greta Thumber, y emularla en sus acciones protestando con contundencia, exigiendo nuestro derecho a terminar la guerra, a la verdad, a la reparación integral de las víctimas y cerrar el capítulo de odios y venganza, salir a las calles, marchar, protestar, protestar y protestar, y demostrarles a quienes nos quieren devolver al pasado en cada manifestación virtual o presencial que tal como dijo Greta en Polonia, estamos aquí  “para hacerles saber que el cambio está llegando, les guste o no” y que “el verdadero poder pertenece a la gente”

Margarita Obregón








13 de enero de 2019

Ilusiones para tiempos sombríos


Por estos días, para no decir por estos años, muchos colombianos nos sentimos agobiados con todo lo que sucede a diario en nuestro país, y con frecuencia nos ronda la idea de abandonar estas tierras, desconectarnos totalmente para olvidar tanta injusticia y tanta canallada a nuestro alrededor y ante las cuales solo tenemos nuestra impotencia.

Y es que quien no pierde la esperanza en un país donde el presidente, a quien le dimos el beneficio de la duda, se ha convertido en el hazmereir de tirios y troyanos, su lucha contra la corrupción parece ser solo de palabra, los asesinatos de líderes sociales que ya huelen a genocidio, aumentan, los paramilitares han regresado a sus antiguos dominios, los crímenes contra los menores no se esclarecen, sin mencionar las amenazas contra los periodistas y contra la protesta social, que presagian tiempos aún más oscuros.

Y cómo no ser el adivino de más desgracias, si el Presidente está secuestrado por las exigencias de su propio partido, que tiene claro su objetivo de devolver las cosas al lugar donde siempre han estado, para lo cual se han propuesto “hacer trizas los acuerdos de paz” controlando con sus alfiles más recalcitrantes las agencias del Estado cruciales para ello, y haciéndose los del vista gorda ante la tragedia humana que vivimos a diario, con el fin de que los que siempre han detentado el poder y la tierra, lo sigan haciendo de la misma manera y solo en su propio beneficio. Y en este propósito acompañados de lo que queda de los rancios partidos que no se resignan a perder sus beneficios, con una manada de fanáticos formada por ellos y unos ilusos electores que aún creen en sus promesas de discurso lleno de lugares comunes que nunca cumplen.

Pero hay una luz que se percibe cuando entendemos que los cambios llevan un tiempo que quizá no sea el nuestro, y que, en medio del caos, existen y surgen motivos para vislumbrar que es posible una transformación de nuestra sociedad. Y qué mejor remedio para nuestro desasosiego que encontrar esos motivos que nos inspiren para seguir actuando en busca de un mejor país.
Cómo no buscar inspiración en nuestros hijos, sobrinos y nietos para luchar por un mundo mejor. Y cómo no encontrar esa fuerza en cientos de comunidades colombianas que se han sobrepuesto a todas las violencias a pesar de sus muertos, o tal vez por ellos, para luchar por sus derechos, por la posibilidad de vivir dignamente y hoy buscan la verdad e impulsan proyectos de vida a las que sería imposible darles la espalda por nuestra desilusión y desesperanza.

Karina Valderrama, Santiago Caicedo, Álex Flórez, Alejandro Palacio y Jennifer Pedraza.Foto: Rodrigo Sepúlveda / EL TIEMPO


Y qué gran motivo de inspiración son esa nueva generación de líderes que nos están demostrando que son capaces de resistir y conseguir lo querido.

Y me refiero a los estudiantes que, a pesar de los señalamientos, infiltraciones, el ESMAD de siempre, la indiferencia del gobierno, amenazas de muerte, lograron un acuerdo con el gobierno que no solo aumentó el presupuesto para 2019 si no que permite fortalecer y definir una ruta para la educación superior pública del país en los próximos años. Y ahí siguen atentos como guardianes del pacto y promoviendo otras causas que a todos nos convocan como el exitoso plantón para exigir la renuncia del fiscal. Cómo no destacar y cómo no creer en una Jennifer Pedraza, en un Alejandro Palacio o en un Alex Flórez, que con su liderazgo le han dado sopa y seco a políticos, periodistas y contradictores y nos han enseñado a no desfallecer y que sí se puede, sin destilar odios y si con mesura y argumentos que entendimos y nos hicieron abrazar la causa de los estudiantes que rugen como los vientos cuando les meten al oído sotanas y regimientos.


Y me refiero también a esos activistas jóvenes que he conocido a través de Twitter como el caso de Mafe Carrascal, que emprendió la protesta contra el grupo Aval por los casos de corrupción de su socio Odebrech y toda la horripilante trama en la fiscalía, con contundencia y sin amedrentarse. Las amenazas y ataques no se han hecho esperar y provinieron primero de la vicepresidenta de la República, luego del Superintendente Financiero, y alguno que otro profesor despitado o a la orden de “Luis Carlos” que la acusaron infundadamente ante la fiscalía de causar pánico económico, cuando ni lo uno ni lo otro, pues si lo hubiera, ese sería causado única y exclusivamente por la mala reputación del grupo empresarial. Y esta joven se ha mantenido en su lucha ahí, con argumentos, y con un valor envidiable, a sabiendas de los monstruos de poder a los cuales se enfrenta. Cómo no tener esperanza viendo a esta guerrera.

Y si estamos con los “ojos abiertos y los oídos despiertos” seguiremos descubriendo jóvenes de su talla. Nada mejor entonces en estos tiempos sombríos que seguirlos, acompañarlos en sus luchas, aprender de ellos y renovar nuestra esperanza.











12 de agosto de 2017

El poder de las cosas pequeñas

Es común por estos días un pesimismo acerca del futuro de Colombia, no obstante la paz firmada con las FARC, su desmovilización y desarme, y por sobre todo la disminución sustancial de víctimas de esta violencia.

Nada parece ser suficiente para los amantes de la guerra quienes se han encargado de invadir los noticieros, con contadas excepciones, y las redes sociales con sus discursos de odio, empeñados en la venganza, la intolerancia y amenazando con el extermino, en sentido estricto o figurado, de todo aquel que piense diferente y no siga su juego.

Las amenazas a Arjen Robben, el 10 del Bayern Munich, una vez conocida la noticia del traspaso de nuestro James a ese equipo, exigiéndole la entrega inmediata de la camiseta a nuestro capitán, cuando ni siquiera había pisado suelo alemán, y la difamación de que fue objeto Daniel Samper Ospina por parte de Uribe y el consiguiente enfrentamiento lleno de bajezas en las redes sociales, son solo un ejemplo del ambiente que se vive en el país.

Muchos hemos optado por no ver noticieros y acudir a otras fuentes de información y muchos también han huido de las redes sociales ante tanta violencia e ignominia que corre por esos lados.

La próxima campaña presidencial se vislumbra peor de lo que siempre ha sido y sin duda más que a programas de gobierno apelarán a nuestros bajos instintos y por eso, desde ya, se vive un ambiente turbio donde se ha legitimado el uso de noticias falsas, calumnias, y acusaciones mutuas de que el contrincante nos llevará a la situación de caos que vive Venezuela por estos días. Y todos esperando que su respectivo mesías, nos salve de la hecatombe, como si en los últimos 200 años no hubiéramos estado gobernados por los mismos, que se reinventan con la etiqueta del poderoso del momento.

Circo Teatro El Zaguán- Mocoa, Putumayo

Por fortuna, muchos colombianos con sensibilidad social, con mente abierta y alma generosa han venido trabajando de la mano con las comunidades, con la población más vulnerable, desarrollando proyectos maravillosos, fuente de inspiración para todos, que dignifican al ser humano, que de verdad transforman vidas y fomentan nuestra esperanza. Estos colombianos han comprendido que si bien el Estado es la columna vertebral para la transformación que le urge a Colombia, la empresa privada y la sociedad civil son el motor de esta evolución.

No podemos esperar de brazos cruzados a que los políticos mejoren nuestro país. Solo un cambio de mentalidad y la suma de nuestros esfuerzos podrá lograrlo. Parodiando a Kennedy, es hora de preguntarnos, no, qué puede hacer Colombia por nosotros, sino qué podemos hacer nosotros por Colombia.

Si la mayoría quiere la paz, quiere que haya igualdad de oportunidades, inclusión, respeto por la diferencia, que se reduzca la pobreza y la desigualdad, si estamos de acuerdo con el desarrollo sostenible y el respeto por los derechos humanos, es el momento de la reflexión individual acerca de aquello que le da sentido a nuestra vida y actuar en consecuencia. Es la hora de sublevarnos frente a los políticos que respaldamos y de comprender que esta pelea a muerte por defender sus banderas y sus intereses no tiene sentido.

Si nos identificamos con esa visión de país, es mejor construirlo con nuestra creatividad, desde nuestros espacios, nuestras comunidades, nuestros vecindarios que seguir odiándonos en las redes sociales. Ejemplos que nos inspiren, hay muchos.  Basta consultar el reciente video de la Pulla, patrocinado por Cerveza Águila, para conocer además de sensacionales colombianos, varias de estas iniciativas y tener la certeza de que es posible y que existe una forma diferente de abordar nuestros problemas y nuestra realidad.


A estas acciones inspiradoras, se suman muchas otras como la del chef Juan Manuel Barrientos con su Fundación El Cielo, que ha capacitado y vinculado a sus restaurantes a cientos de soldados heridos en la guerra, ex guerrilleros y ex paramilitares, para prepararlos para la vida fuera del conflicto armado y también para que se reconcilien y perdonen con sus antiguos enemigos. O la también chef Leonor Espinosa que a través de su fundación trabaja con las comunidades colombianas y las beneficia mediante la reivindicación de sus tradiciones gastronómicas. O el maravilloso caso de Johana Bahamón con su restaurante Interno, en la cárcel de San Diego de Cartagena, atendido por mujeres privadas de la libertad en ese establecimiento. Y así cientos, por no decir miles de colombianos que le están apostando a una visión positiva y esperanzadora de país y han decidido actuar.

Por ello, además de votar a conciencia en las próximas elecciones, si queremos de verdad cambiar este país y hacerlo mejor, no esperemos a que el gobierno de turno lo haga, sigamos estos ejemplos. Yo estoy convencida de lo que dijera Eduardo Galeano*:


Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo.  


Margarita Obregón



*Se le atribuye su autoría





29 de octubre de 2016

Por sus ídolos los conoceréis

Definitivamente, el resultado del plebiscito, nos dio una dosis de realidad, y nos recordó, en qué contexto nos movemos, cuál es el país que tenemos, y quienes detentan el poder.


De los votantes registrados, 18.42% dijeron NO a los Acuerdos de la Habana, 18.27% dijimos SI, y el 63.31% no acudió a las urnas.

Entre los votantes del NO, se encontraban todas las vertientes. Los movidos por sus mezquinos intereses personales y que están convencidos que el fin justifica los medios con tal de defenderlos; los de los miedos legítimos cifrados en su propia experiencia, los desinformados y los ignorantes en toda la extensión de la palabra, a quienes sin vergüenza y ufanándose de ello, manipularon los cerebros del Todo Vale.  

Quienes votamos SI, le creímos a Humberto de la Calle cuando nos dijo que ese fue el mejor acuerdo posible, y además vemos con urgencia que se termine esta guerra que ha dejado 8 millones de víctimas, con 6 millones de desplazados, 265 mil muertos, 100 mil desaparecidos y 3 mil falsos positivos.

Y la mayoría, que simplemente le dijeron al gobierno y a las FARC que hicieran lo que les viniera en gana.

Y aquí estamos, desconcertados, con un futuro incierto y con la violencia acechándonos, tan divididos y radicalizados como en Venezuela pues los de siempre nos indujeron a que saliéramos a votar “berracos”.

Por ello, impleméntense o no los acuerdos, hoy más que nunca se necesita la participación política de la ciudadanía en los destinos del país. Decir que detestamos la política porque la confundimos con los politiqueros, que somos apolíticos y sentirnos orgullosos de ello, es una solemne tontería que nos ha llevado a ser engañados por los de siempre.

El plebiscito se ha leído como la primera etapa de las elecciones presidenciales del 2018 y ante el sombrío panorama, se requieren cultura y conciencia política para decidir el modelo de país que queremos. Y tener claro que cuando apoyamos un candidato, aprobamos no solo sus formas sino sobre todo su ideología y sus prácticas políticas.

Hoy en Colombia existen dos modelos de país irreconciliables, porque llevan consigo una escala de valores opuesta, entre los cuales se escoge cuando se apoya a sus líderes.

De un lado está lo que llamaríamos el modelo RCN, encarnado principalmente por la Gurisatti y sus amados ídolos políticos, conocidos por ser patrocinadores de la cultura de las narconovelas, expertos en manipulación, en distorsionar la historia incentivando un infinito odio hacia las guerrillas pero la benevolencia hacia los paramilitares pues les importa un pito la verdad y el sufrimiento de las víctimas; de doble moral, fundamentalistas y ortodoxos en su ultraderecha; fascinados con el uso de la fuerza, viven de incitar al odio, la homofobia, la intolerancia y de explotar los bajos instintos de los seres humanos, porque al fin y al cabo esto que es Colombia, es para ellos un negocio de familia.

Y está el otro modelo que llamaríamos progresista, de los que no nos resignamos, de los que anhelamos el fin de la guerra, que creemos que los problemas de fondo son la desigualdad y la exclusión que causan la violencia, y que para ello se requieren reformas urgentes dentro de un Estado laico, diverso e incluyente. Reconocemos que aquí si hubo guerra y que necesitamos reparar las víctimas y reconstruir la memoria histórica para garantizar la no repetición de todo el horror sufrido. Creemos en el perdón y en la reconciliación y vemos inaplazable la reincorporación social de los que vienen o han estado en medio de la guerra y quieren realizar sus mínimos sueños de estudiar y trabajar para sacar adelante a sus familias, como cualquier colombiano.

Ya no se trata del SI o del NO, o si se quedó en su casa el pasado 2 de octubre. Se trata de ser conscientes de las decisiones que tomamos, los candidatos que apoyamos y el modelo de país que ellos encarnan. Porque sus acciones, sus aciertos y sus desaciertos, y por sobre todo sus fechorías y crímenes también nos comprometen.

Margarita Obregón


14 de agosto de 2016

Las tenebrosas marchas

Con estupor presenciamos esta semana cómo las manifestaciones convocadas para “defender la familia” ante la “amenaza” de la cartilla que pretende prevenir la discriminación que sufren los niños con orientación sexual diferente, se convirtieron de manera inexplicable en las marchas del odio.


Pero claro, ahí estaban sus patrocinadores, los de siempre. Los del no, lo que se resisten a terminar la guerra, los que solo aceptan el exterminio de sus opositores, y hablan de desaparecer a Santos. Los que se oponen a la restitución de tierras, los que odian a los de izquierda que etiquetan como terroristas. Los que para solucionar cualquier problema solo tiene como estrategia las medidas represivas y el uso de la fuerza. Los que tiran piedra a los Uber, los que incitan a la violencia en los estadios, los del todo vale, los de la cultura traqueta. Los que se infiltran en las manifestaciones legítimas para hacernos creer que todos piensan como ellos, y convierten estos días de paz y reconciliación en días de odio.

Y desde luego los homofóbicos con su ignorancia rampante, con sus retorcidos pensamientos ante la diversidad de género, con su odio ante todo aquello que no pueden controlar y su irrespeto por aquel que piense y viva diferente. 

Y también estaban esos, los de la doble moral, los que van a misa todos los días, pero que son incapaces de perdonar y son enemigos de “esta paz” sin dar argumentos ni escuchar razones. Los curas que se hicieron los de la vista gorda ante sus compañeros pedófilos, pero ahora, contrariando al papa Francisco, en la caverna y con la inquisición revivida, censuran la diversidad sexual, en un mundo que lucha para que todos los seres humanos sin distingo de raza, religión u orientación sexual tengamos una vida digna. Los que gritan NO MAS FARC pero que ni se inmutaron ante los falsos positivos, las torturas con motosierras, las masacres de los paramilitares y nunca se preguntaron ni les importó si estos pagaron cárcel por sus crímenes o si tenían o no curules en el Congreso, pero ahora les resulta indignante lo pactado en la Habana, porque piden “paz sin impunidad”.

Y también estaban los que legítimamente ejercían su derecho a la protesta, los que genuinamente temen por sus hijos, por su educación, por el futuro de su familia, manipulados y desinformados, víctimas de los avivatos que no dejan escapar oportunidad para aterrorizarlos con sus mentiras, para que nada cambie.

Confirmamos en esas marchas la existencia de una sociedad en decadencia, que asusta por la violencia, por los valores trastocados, porque vimos odio hasta con sus hijos y supimos que son capaces de todo.



Y preguntamos ¿Esta es nuestra cultura? ¿Quién la forjó? ¿Nuestros líderes? ¿Los medios de comunicación? ¿No son ellos los formadores de opinión? Tantas preguntas sin respuestas, señalamientos por doquier y ningún mea culpa.

Como un rayo de luz, luego de las tenebrosas marchas, aparecieron muchas voces en contra de sus manifestaciones.  Y esos somos la otra Colombia. 

Los que no queremos odiar, los que queremos perdonar, los que queremos un país diferente, diverso, incluyente, con igualdad social. Los que añoramos desde siempre la libertad, igualdad y fraternidad para todos los colombianos, conquistada por los franceses desde 1789 para toda la humanidad. Los que creemos en la juventud, los que soñamos un país que aproveche las nuevas tecnologías para campo y ciudades, que aproveche lo mejor de la economía colaborativa, del internet, de las redes sociales, para lograr nuestro desarrollo económico y humano. 

Somos los que tenemos esperanza en el cambio, los que sabemos que lograr la paz con las FARC es el primer paso de un largo camino y aun así le apostamos a la esperanza.

Ojalá que ante el desconsuelo que dejan esas marchas, respondamos estos otros, diciéndole masivamente SI a la paz, no para apoyar al presidente de turno si no para decirle si al sueño de un país mejor para nuestros hijos y nietos, y manifestarle al mundo que los colombianos le decimos no al odio, a la intolerancia y a la exclusión.




Margarita Obregón


25 de junio de 2016

El último día de la guerra

La firma del acuerdo de cese al fuego bilateral entre el Gobierno y la Farc, no puede más que producirnos alivio, alegría y una incontrolable esperanza.


Saber que el jueves 23 de junio de 2016 fue el último día de la guerra con las Farc ha hecho que gran número de colombianos, sin distingos de partido, sintamos que ese derecho fundamental que es la paz, es un bien supremo que nos pertenece a todos y debemos luchar por su consecución y consolidación.

Con el fin de este conflicto el país tendrá que enfrentar sus problemas reales que causaron esta y todas las guerras:  la pobreza, la desigualdad social, la exclusión, la intolerancia, los antivalores fundamentados en la prevalencia de lo económico por sobre todas las cosas, en una sociedad arribista y de doble moral apegada al dinero fácil, como el mejor abono para la corrupción.

Es claro que este cese al fuego es el punto de partida. Consolidar e implementar los acuerdos será un camino largo y difícil que todos debemos vigilar y cuidar. Lo difícil no será que las FARC cumplan, lo complicado es que como sociedad les cumplamos, que respetemos la vida de los desmovilizados, que no repitamos un extermino como el de la Unión Patriótica, que les demos oportunidades y que se puedan reintegrar a la sociedad sin que tengan razones para volver a la guerra.

La primera tarea será atender a las víctimas que han reclamado una y otra vez verdad, justicia y reparación. La mayoría está dispuesta a perdonar, la venganza no las motiva y han dicho que la cárcel de sus victimarios no es su objetivo primordial si no la verdad de lo ocurrido, identificar a los verdaderos culpables.

Tendremos que empezar por contar esas historias de la guerra desde las aulas de clase y en todos los escenarios posibles, para que jamás se repita y para que nuestros hijos y nietos desde temprana edad aprendan que la vida es sagrada, que deben respetar las diferencias, y que se entrenen en el arte de escuchar y de perdonar, y en decir muchas y repetidas veces frente a su interlocutor “si, usted tiene razón”, sin que ello signifique una derrota.

Por fortuna la reconstrucción de esta historia ya se ha iniciado con el liderazgo del Centro de Memoria Histórica cuyo trabajo todos deberíamos conocer.

Y como paz se traduce en justicia social tendremos que conseguirla para que no se convierta en vana ilusión. Y para ello se requiere una construcción colectiva del país que soñamos, con la participación de los gobiernos nacionales y locales, de todos los partidos políticos, de los empresarios, de los medios de comunicación, de las organizaciones de la sociedad civil, de las comunidades y de todos y cada uno de los ciudadanos que tendrán que decidir y elegir a quien se comprometa a mantener la paz en este país y a reconciliar a todos los colombianos.

Esperamos que se llegue pronto al acuerdo final y estamos seguros que así será, porque Santos ha tenido la paciencia, testarudez y astucia que no tuvieron todos sus antecesores para lograr este resultado, no obstante que ninguno tuvo que soportar enemigos tan férreos como los que ha tenido este gobierno y este proceso de paz.

El feroz ataque de estos enemigos de la paz para mantener el satus quo, su incontrolable sed de venganza, su indiferencia y cinismo ante los muertos, los desaparecidos, los desplazados, los falsos positivos, nos han revelado su aterradora falta de humanidad y de grandeza ante una nación que les ha dado todo y que los necesitaba aportando para construir un país para todos, o al menos callados por la vergüenza ante la responsabilidad de sus deshonrosos actos.

Por ello y con más razón, a pesar de que la mayoría de quienes le decimos SI A LA PAZ no somos santistas y nos reservamos el derecho a disentir sobre muchas actuaciones del actual gobierno, esta y las futuras generaciones tendremos que reconocer y agradecerle a Juan Manuel Santos el haber logrado el fin de este conflicto.


Margarita Obregón